Capítulo 86: Ahora somos un equipo.
La luz del sol se colaba por las rendijas de las cortinas, hiriendo mis ojos al abrirlos.
Mi primer instinto fue cerrar los párpados de nuevo y fingir que el día no había comenzado. Mi cuerpo se sentía pesado, como si hubiera corrido un maratón, pero mi mente... mi mente era un caos de fragmentos borrosos.
El baño. El agua helada. El llanto. Los brazos de Adrián.
Me senté en la cama de golpe, sintiendo una oleada de calor subir por mi cuello hasta mis orejas. La vergüenza me golpeó con la fuerza de un tsunami.
—Dios mío... —susurré, cubriéndome la cara con las manos—. ¿Qué hice?
Me había desmoronado. Yo, Valeria Park, la mujer que nunca dejaba ver una grieta en su armadura, había tenido un colapso nervioso total frente a mi jefe... frente a mi esposo. Había gritado, había llorado como una niña pequeña y me había dejado cargar como un bulto.
Me sentí expuesta. Vulnerable. Y terriblemente tímida.
¿Cómo iba a mirarlo a la cara ahora?
Me levanté de la cama con movimientos lentos, alisando