—Esto tiene que ser una broma —espetó Anastasia, con la voz estrangulada.
Las imágenes del teléfono seguían grabadas en su retina: Adrián y esa... mujer, subiendo a un avión. Solos.
—Se supone que solo era falso, un papel, pero...
El hombre la interrumpió con un tono que cortó el aire como una navaja. —¿Crees que estoy jugando, niñita? —Su voz era baja, peligrosa—. ¿Crees que tengo cara de tener tiempo para tus estupideces?
Anastasia palideció aún más, si es que eso era posible. Sus labios temb