Tengo la carpeta en mi mano. La misma que Mateo, en medio de su despecho y su locura, me pasó antes de irme de su apartamento infestado de alcohol. Tenía el presentimiento de que no me iba a gustar lo que iba a ver o leer. Quería equivocarme. Pero no fue así.
Apenas llegué al apartamento, la abrí. Y aquí están, de nuevo. Las imágenes de ese tal hombre con la cicatriz en la cara, el matón con apodo "El Cicatriz". Pero no es él lo que me hiela la sangre. Es la persona que está a su lado en una de