El suave resplandor de la mañana se filtraba por la ventana de la habitación del hospital, pintando todo con una luz más amable. Habían pasado dos días desde la declaración, y el progreso de Valeria era notable. El dolor agudo había dado paso a una molestia sorda, manejable con los analgésicos que le administraban. El color había regresado lentamente a sus mejillas, las marcas empezaban a cicatrizar y el miedo era reemplazado por una cautelosa tranquilidad.
Karla, que siempre venía a hacerle co