—No — la interrumpió él, con una ferocidad que la hizo saltar. Su mirada era intensa, incuestionable—. Ni siquiera lo pienses, Valeria. —Se inclinó hacia adelante, acortando la distancia entre ellos—. Escúchame bien. Lo que empezó como un acuerdo… se terminó en el momento en que entraron a tu apartamento. Esto ya se volvió personal.
Valeria lo miró, atónita. El shock le nublaba el pensamiento.
—¿Estás loco? —logró balbucear—. ¡Adrián, casi me muero! ¡Por esto! ¿Y quieres seguir?
—Y por eso mism