La última sensación consciente de Valeria fue un dolor sordo y expansivo que lo envolvía todo, mezclado con el sabor metálico de su propia sangre y el eco de sus propias palabras: "Porque este maldito papel… NO LO FIRMARÉ". Después, solo hubo oscuridad.
No era un sueño pacífico. Era un torbellino de fragmentos dolorosos. Veía la cara de Karla, no la de su risa descarada, sino la de sus ojos llenos de pánico mientras le gritaba que corriera. Sentía el fantasma de los golpes, cada impacto renován