El grito de Graciela fue la señal para el caos. Los dos hombres de seguridad se lanzaron sobre ellos como lobos. Adrián intentó interponerse, pero un golpe seco con la culata de un arma en el estómago lo dejó de rodillas, sin aire.
—¡El celular! ¡Quítenle el maldito celular! —chillaba Graciela, su voz perdiendo toda la elegancia para convertirse en un graznido histérico.
Karla retrocedió hasta chocar con el ventanal, con los dedos volando sobre la pantalla. Uno de los hombres la alcanzó y la sa