El ascenso fue una tortura silenciosa. El aire en el hueco de la escalera se sentía cada vez más rancio, como si el edificio tratara de asfixiarlos antes de llegar a la cima. Karla, a pesar de su actitud ligera de antes, subía con los dientes apretados, sin emitir una sola queja. El golpe de Adrián al guardia le había recordado que esto ya no era un juego de redes sociales; era la vida real, y la vida real dolía o daba miedo, ahora pensaba en cómo se lo iba a decir a su esposo.
Llegaron al piso