Valeria no durmió.
No porque el miedo la mantuviera despierta, sino porque la decisión ya estaba tomada y el cuerpo se negaba a fingir que no lo sabía. Afuera, el espacio seguía respirando en ciclos irregulares. Algunos hablaban en susurros. Otros miraban pantallas que no mostraban nada nuevo.
El contador marcaba 24:17:02.
Adrián entró sin tocar.
—Si vamos a hacerlo —dijo—, tiene que ser ahora.
Valeria asintió.
No convocaron a todos de golpe. No levantaron la voz. Simplemente empezaron a hablar