El reloj marcaba 18:43:09 cuando el teléfono de Adrián vibró.
No era un número desconocido.
Era uno que no aparecía desde hacía años.
Valeria lo vio palidecer apenas. Ese microgesto que nadie más habría notado.
—Es ella —dijo él, sin necesidad de mirar de nuevo.
El espacio estaba más reducido ahora, más denso. Los que quedaban hablaban en grupos pequeños, con una concentración nueva. Nadie se dio cuenta de inmediato de lo que estaba pasando.
—¿Vas a contestar? —preguntó Valeria.
Adrián sostuvo