Valeria entendió demasiado tarde que Graciela no estaba apurando el tiempo.
Lo estaba ordenando.
La certeza le llegó mientras observaba el contador avanzar con una calma insultante. No había nuevos mensajes, ni más visitas inesperadas, ni amenazas adicionales. Nada. Y eso, viniendo de Graciela Han, era la señal más clara de todas.
—Está esperando —dijo Valeria, en voz baja.
Adrián no apartó la vista de la pantalla.
—Siempre espera —respondió—. Lo hace parecer paciencia, pero en realidad es cálc