El cambio no fue abrupto. Fue un desplazamiento casi imperceptible.
Valeria lo notó cuando pasó una hora entera sin que nadie se acercara a ella para pedir confirmación, validación o una palabra que cerrara algo. No porque no hubiera dudas, sino porque las dudas estaban empezando a circular sin buscar un punto fijo donde anclarse.
Eso, paradójicamente, la inquietó más que los días de tensión abierta.
Estaba apoyada contra una mesa alta, observando cómo dos personas discutían un desacuerdo técni