La primera discusión no fue épica.
Ni siquiera fue ruidosa.
Valeria la percibió como se perciben los cambios reales: tarde, cuando ya estaban ocurriendo. Una tensión leve en el ambiente, una conversación que se interrumpía demasiado pronto, una mirada que no terminaba de sostenerse.
El mapa seguía latiendo en la pantalla principal, pero uno de los nodos había cambiado de ritmo. No era una caída brusca ni una alarma evidente. Era una irregularidad sutil, casi educada.
—Ese pulso no estaba así ha