Capítulo 143: Ninguna mujer merece ser desechada.
El aire dentro de la habitación de Anastasia era pesado, casi irrespirable. Valeria cerró la puerta de roble con un clic sordo y se quedó un segundo en la penumbra, asimilando el olor: una mezcla de lavanda rancia y el aroma químico y metálico de los sedantes. No parecía la habitación de una heredera; parecía la antesala de un mausoleo.
Caminó hacia la cama con pasos felinos. Allí, bajo las sábanas de seda que ahora se veían como un sudario, Anastasia yacía con la cabeza ladeada. Sus ojos esta