Capítulo 117: Te Amo.

El estruendo de la puerta del despacho al cerrarse a nuestras espaldas dejó un zumbido en mis oídos que tardó segundos en disiparse. El silencio que siguió era aterrador. Adrián no soltó mi mano. Sus dedos, largos y firmes, se entrelazaron con los míos con una fuerza que bordeaba el dolor, pero no me quejé. Ese contacto era lo único que me impedía desintegrarme en mil fragmentos de pánico.

​Caminamos por el pasillo ejecutivo. Sentía las miradas del personal como si fueran agujas calientes atravesando mi espalda, pero Adrián no flaqueó. Su mandíbula estaba tan tensa que parecía esculpida en granito, y sus ojos, fijos en el frente, tenían el brillo gélido de quien ya ha aceptado que el mundo arderá y solo le importa salvar lo que lleva entre sus brazos.

​Llegamos al estacionamiento privado. El aire aquí era más denso, oliendo a gasolina y humedad. Nuestra camioneta blindada nos esperaba como una bestia negra agazapada en las sombras. Adrián abrió la puerta para mí, y en cuanto entr
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