Capítulo 11: Amor, mentiras, y excel.
El sueño me envolvió como un lodazal. Al principio era solo oscuridad, pero luego llegaron los sonidos. Mi propio llanto, débil y quebrado, el de una niña pequeña perdida en la penumbra. "Mamá..." gemía, pero no había respuesta, solo una risa. La risa de mi madre, cristalina y alegre, pero distante, como llegando desde detrás de una puerta cerrada. Luego, otra risa, más grave, de un hombre. Se mezclaban con susurros y con unos gemidos bajos, ahogados, de placer. Yo seguía llorando, pidiendo ayu