Capítulo 106: Los he extrañado...
El apartamento de Adrián, que apenas unos días atrás se sentía como un santuario moderno de paz y complicidad, nos recibió con una frialdad sepulcral. Al cruzar el umbral, las dimensiones del lugar parecieron expandirse de forma grotesca, volviendo el espacio vasto, vacío y hostil. El diseño minimalista que siempre me había parecido elegante, ahora se sentía como una celda de cristal. El silencio ya no era reconfortante; era el mismo silencio que habita en las galerías de arte después de que la