El apartamento de Adrián, bañado en la suave luz nocturna de Central City, se sentía como un oasis de cristal. El silencio después de la ducha era una bendición. Me dirigí a la cocina. Adrián estaba de espaldas, con un delantal de lino puesto sobre su camisa de cashmere, concentrado en la sartén. El aroma que flotaba en el aire era reconfortante y delicioso, algo con base de hierbas y mantequilla.
—Huele increíble, Adrián —dije, acercándome a él.
—Estoy intentando crear un orden en la cocina —d