El coche de Adrián se detuvo frente a una casa en una zona residencial elegante pero acogedora de Central City.Era una residencia cálida, llena de jardines cuidados y un aire de estabilidad confortable. Me sentía renovada y lista en mi atuendo de cachemir, con la emoción por ver a mi hermana, Karla, borrando cualquier rastro de ansiedad.
Adrián salió del coche y, en lugar de rodear el capó, esperó pacientemente a que yo saliera, ofreciéndome la mano. Era un gesto simple, pero cargado de la nueva intimidad que compartíamos.
—¿Listo para la primera evaluación familiar? —pregunté, deslizando mi mano en la suya.
—Tú eres la que va a ser evaluada —respondió Adrián, con una sonrisa juguetona—. Por si lo olvidaste, tu cuñado, es cirujano plástico. Se dedica a encontrar fallas en la perfección.
—Por suerte, me llevo muy bien con mi cuñado. —solté una sonrisa de victoria.
—Yo no estaría tan feliz, David parece ser el tipo de hombres que siempre esta vigilando.
—Entonces me gané el respeto en T