ALEX VOELKLEIN.
Nunca había soltado tantas carcajadas como esa noche. La noche era perfecta.
¿Vieron cuando no hace ni frio ni calor? Bueno, así.
Aunque, pensándolo bien, podría atribuirlo también a los efectos embriagadores del vino que fluía sin cesar por mi sistema.
Las copas llegaban una tras otra con una insistencia que ahora entendía: buscaban ablandar mis resistencias y convencerme de aceptar la propuesta de ser la futura esposa de alguien.
Demoré un poco en captar esa estrategia sutil,