MATT VOELKLEIN.
Hace unos días, una corazonada se apoderó de mí, como esas sensaciones inexplicables que te recorren la espina dorsal. Sabía que estábamos al borde de un momento crucial, un instante en el que mis hijos jugarían con el fuego, metafórica y literalmente.
No logro recordar si esa premonición fue resultado de algún sueño fugaz que se disolvió entre las responsabilidades cotidianas o simplemente una corriente de conciencia que me alertaba. Pero ahí estaba yo, sentado en el borde de l