ALEX VOELKLEIN.
Lanzar una rosa al ataúd de mis padres marcó el punto más oscuro de mi existencia.
El cementerio, un lugar donde las sombras se mezclan con la tristeza, se erguía ante mí como un testigo silencioso de mi dolor. Las lápidas parecían susurrar historias de vidas que se extinguieron, mientras los árboles desnudos se alzaban como guardianes melancólicos.
La pérdida de mis padres no mostraba huellas de violencia en sus cuerpos.
Fueron descubiertos en el interior de uno de los hoteles