ALEX VOELKLEIN.
Las sábanas se enredan suavemente alrededor de mis piernas, o al menos eso percibo mientras comienzo a despertarme. Mi rostro está pegado a la almohada, y la mitad de mi cuerpo se extiende sobre el de Tom. No tengo idea de cómo terminamos tan entrelazados, pero me sorprende la comodidad que siento. No tengo intenciones de abrir los ojos, me resisto a hacerlo, pero al mismo tiempo, no quiero perderme la visión de cómo duerme él.
Tom yace boca arriba, con un brazo cruzando la mita