Anya
—Despierta, niña —dijo una mujer que no conocía y fruncí el ceño.
Lo levanté y me di cuenta de que estaba en una especie de oasis, justamente dentro del agua, y una mujer alta, con el cabello blanco, estaba de espaldas a mí.
—¿Quién eres? —pregunté con miedo.
La mujer se giró y miré el rostro más hermoso que alguna vez había visto.
Ella era la belleza hegemónica encarnada en la tierra; sin embargo, algo en esta mujer no era humano ni común. Se sentía como un sobrenatural y eso me puso en es