Capítulo 36
Kael

Saber que Anya era mi mate me había sacudido hasta los cimientos.

Se sentía como una bendición propiamente dicha y por ello siempre le agradecería a la Diosa; sin embargo, el hecho de saber que era un hada sagrada se sentía como algo irreal, pero tener la certeza de que ella era capaz de robar magia y poder de cualquier sobrenatural era aterrador.

No sabía cómo explicarlo y ella sintió ese miedo.

Anya me vio con el ceño fruncido, confundida ante mi expresión desoladora.

Yo tragué saliva por
Maia Levone

¡Feliz año nuevo! Espero que todos estén bien. Tardé en publicar esta semana debido a las fiestas y a una gripe horrenda que me tumbó. He retomado la escritura y esperemos seguir el ritmo. Gracias por leer.

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