Kael
Saber que Anya era mi mate me había sacudido hasta los cimientos.
Se sentía como una bendición propiamente dicha y por ello siempre le agradecería a la Diosa; sin embargo, el hecho de saber que era un hada sagrada se sentía como algo irreal, pero tener la certeza de que ella era capaz de robar magia y poder de cualquier sobrenatural era aterrador.
No sabía cómo explicarlo y ella sintió ese miedo.
Anya me vio con el ceño fruncido, confundida ante mi expresión desoladora.
Yo tragué saliva por