Collin*
El lupino la guió por los pasillos de aquel lugar extraño. El aire era húmedo, y un frío cortante erizaba su piel. El olor a moho y hierro oxidado impregnaba el ambiente.
Cada paso resonaba en las paredes de piedra, y la oscuridad parecía devorar cualquier rastro de esperanza. Era una mazmorra, un laberinto de sombras.
Cuando llegaron a una escalera, Collin presionó el cuchillo contra la garganta del lupino, obligándolo a detenerse. Su corazón latía tan fuerte que casi ahogaba su propia