Collin*
La noche era sofocante, pero no por el calor.
Collin estaba sentada en la cama, con las rodillas juntas y los ojos fijos en sus propias manos. Aún estaban rojas, manchadas por el arrebato que había tenido más temprano. El recuerdo de sus puños golpeando a Caius, del sabor amargo de la furia, hacía que su estómago se revolviera.
La puerta chirrió.
Liam entró, con el rostro cerrado y los músculos tensos. Había sudor en su piel, como si hubiera intentado agotarse físicamente para calmar la