Collin*
Las manos de Collin temblaban mientras miraba a la criatura frente a ella.
El lupino era enorme. Sus músculos sobresalían bajo la piel gruesa, y sus ojos eran dos rendijas oscuras y brillantes. Los dientes, expuestos en un gruñido bajo, goteaban saliva. Parecía disfrutar del miedo que ella sentía.
Dio un paso atrás, sintiendo a las hembras atrapadas detrás de sí. No podían quedarse allí.
"Corran" murmuró, sin apartar los ojos de la bestia.
Ellas vacilaron.
"¡Corran, maldita sea!" gritó,