Collin*
El aire estaba denso, impregnado del olor metálico de la sangre y del calor del fuego que devoraba algunas estructuras a lo lejos. Collin se deslizó silenciosamente entre las sombras de las casas, sus pies apenas rozando el suelo de tierra. El templo no estaba lejos, pero el silencio repentino la hizo detenerse.
Los gritos habían cesado.
Y eso la aterrorizó más que cualquier otro sonido.
Trepa por un costado de una de las casas y forzó la ventana de madera hasta que cedió. Entró con cui