Los días pasaron lentos desde el ataque. Collin se aisló por completo, negándose a salir de la cabaña. No tenía fuerzas. Cada vez que se miraba en el espejo, veía las marcas de lo ocurrido: el rostro aún dolorido, la nariz hinchada y roja. Se sentía fea. Pequeña.
Aquella mañana, como tantas otras, permaneció acostada, mirando la nada. Sabía que Liam ya había salido, probablemente resolviendo algo importante, pero no le importaba.
Entonces, de repente, las ventanas del cuarto se abrieron de par