Alade no durmió aquella noche.
El cuerpo rígido de Aaron la envolvía como una prisión caliente, los brazos de él apretando su cintura con una posesión instintiva, animal, como si quisiera impedir que escapara incluso en los sueños.
Pero no era el toque lo que más la atormentaba.
Era el nombre.
"Mena."
Resonaba como un susurro maldito en su mente.
Un susurro que arrancaba pedazos de su paz.
¿Quién era ella? ¿Por qué él la había confundido con esa mujer?
Sus ojos recorrieron el rostro dormido de