Colen había anunciado una cena especial, y cuando Colen hacía invitaciones, la negativa nunca era una opción.
Alade se arreglaba frente al espejo con un sabor amargo en la boca. Había elegido uno de los vestidos menos vulgares de su limitado guardarropa, algo que la hiciera parecer mínimamente digna... o al menos, no tan rota.
Cuando salió del baño, Aaron ya la esperaba, recostado en la cama con los brazos cruzados. Sus ojos cayeron sobre ella como cuchillas. Lentos. Evaluadores.
Alade sostuvo