El cuerpo de él estaba pesado, caliente, y completamente abandonado en sus brazos. Alade lo arrastraba por el pasillo como quien carga un pecado y quizá realmente lo cargaba. Cada paso resonaba como un latigazo en su conciencia, cada segundo estiraba la cuerda de la duda en su mente.
El baño se abrió con un chasquido. En cuanto lo dejó caer sobre el suelo de mármol frío, el olor la golpeó como una bofetada. Sangre. Sudor. Heridas abiertas. La podredumbre de un cuerpo lastimado mezclada con el c