Damon*
Él mecía al pequeño Eric en los brazos; el bebé dormía profundamente, con los labios entreabiertos y el rostro sereno. Damon sonrió, rozando con ternura la mejilla suave del niño. Pero enseguida su mirada se posó en Averina. La hembra avanzaba con determinación hacia la colina. Su expresión estaba tensa, y algo en ella lo puso en alerta. Con cuidado, dejó a Eric en la cuna y la siguió, pasos firmes pero silenciosos.
Cuando la encontró, ella estaba detenida al borde del bosque, los ojos e