89. El hielo.
Con el mundo completamente trastornado, intenté ponerme de pie. La explosión me había dejado mareada. Por suerte, de alguna forma instintiva, El Alfa me había logrado abrazar con fuerza en el instante en el que la onda explosiva rompió la ventana. Había caído sobre él y aquello me había protegido por completo, pero el lobo espero ni un solo segundo, saltó hacia el exterior, transformándose antes de caer al suelo. Me puse de pie, y entonces corrí por las escaleras, desesperada.
Sabía lo que aque