89. El hielo.
Con el mundo completamente trastornado, intenté ponerme de pie. La explosión me había dejado mareada. Por suerte, de alguna forma instintiva, El Alfa me había logrado abrazar con fuerza en el instante en el que la onda explosiva rompió la ventana. Había caído sobre él y aquello me había protegido por completo, pero el lobo espero ni un solo segundo, saltó hacia el exterior, transformándose antes de caer al suelo. Me puse de pie, y entonces corrí por las escaleras, desesperada.
Sabía lo que aquello significaba. El Rey Cuervo había regresado, había regresado, y estaba segura de que esta vez iba a intentar llevarse nuevamente a mi hijo. Y no lo iba a permitir. No importaba lo que pasara, no lo iba a permitir. Mi hijo no iba a caer en Las garras de Bastian, así se me fuera la vida intentar salir corriendo.
Para las escaleras choqué con varias de las mujeres que trabajaban en la casa corriendo esperadas de un lado para otro, intentando encontrar un lugar seguro. No sabía que era lo que suc