90. El despertar.

No supe de dónde saqué aquella fuerza, tal vez era el instinto materno, tal vez era la fuerza del bebé creciendo en mi interior que me aportaba aquellos genes de lobo. Pero Aprovechando que el lobo de Nicolás era lo suficientemente alto, salté en el aire directo hacia el rey Cuervo, que se abalanzaba sobre mi hijo, extendiendo las alas hacia el frente, a punto de decapitarlo por completo con sus plumas filosas, y levante el torso de hielo en lo alto.

Todo pareció hacerse en cámara lenta. Pude ver como las alas estaban a punto de alcanzarlo, alcanzar su pequeño cuellito, cuando caí sobre aquella criatura por la espalda, clavándole con fuerza la punta del hielo afilado en la parte de atrás del cuello, lo que hizo que desviara su ataque lo suficiente como para que Axel, en un poderoso instinto, logrará desviar su cabeza hacia un lado y el cuerpo del Cuervo pasará sobre él sin hacerle daño.

Ambos caímos al suelo rodando. Yo sabía que no tenían ni una sola oportunidad en contra de él, per
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Leticia Dueñaspor fin se transformó
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