79. La conciencia que despierta.
Lo primero que sentí cuando desperté, antes siquiera de abrir los ojos, fueron dos cosas en específico. Primero, el enorme cansancio que aún tenía en el cuerpo. Parecía que haber dormido toda la noche no había logrado arrancar la pesadez que me había invadido durante todas las horas que pasé perdida en la montaña, sumado a la pelea. Y la otra cosa era aquella conciencia que intentaba meterse dentro de mi cabeza. No se sentía invasiva, no era perturbadora ni dolorosa, pero estaba ahí, buscando algo en mi mente que ni siquiera yo sabía que existía.
Cuando abrí los ojos, me encontré cara a cara con Maximiliano. El Alfa estaba ahí, con el cabello rubio revuelto y los ojos claros fijos en los míos. Entonces apreté con fuerza mi mente. No de una forma literal; ni siquiera supe cómo lo hice. Solo sé que lo expulsé de mi cabeza con una especie de patada invisible.
— Lo siento — dijo él — . Lo que pasa es que cuando estamos dormidos somos más susceptibles a la telepatía. El problema es que c