80. Señales que no deberían existir.
La rutina médica comenzó analizando mis signos vitales, y aquello me hizo sentir un poco incómoda, porque me recordó el tiempo en el que había pasado en los laboratorios; el tiempo oscuro y frío en el que lo único que pasaba en mi vida eran los chequeos médicos, en el que revisaban mis signos vitales varias veces al día y estaba constantemente pegada a extraños aparatos que lanzaban indicaciones con sonidos extraños.
Entonces, mientras John me revisaba, era inevitable no sentir aquella sensación nuevamente; lo único que quería era en respuestas, y yo también.
— En efecto, mi luna, estás embarazada. Aún es poco perceptible. Aparentemente son unos cuantos días, pero el feto, desde el día 1, comienza a hacer cambios en su madre, sobre todo un feto con genes tan poderosos como los de un lobo, y más aún un lobo de raza superior como nuestro Alfa. Creo que eventualmente, en unos días, sentirás náuseas y las cosas normales de un embarazo.
— Pude percibir su conciencia — le dijo Maximilian