62. El despertar del heredero.
El despertar del heredero
Al parecer lograron percibir también la conciencia poderosa que se acercaba hacia nosotros, así que se detuvieron a observar. Voltearon la mirada hacia la colina que separaba aquel túnel del improvisado donde Gabriel me había puesto la trampa. Y entonces todos vimos asomar al lobo por la pequeña pendiente.
Era Franco. Pude reconocerlo de inmediato, pero no era él la enorme presencia que había aparecido en ese instante detrás de él. La presión… un lobo gris como la ceniza, el lobo más grande que hubiera visto en mi vida, incluso más grande que yo. Con los dientes expuestos, con las orejas retraídas, pude percibir en su inocente conciencia que se trataba de Nicolás.
Se había transformado en ese instante. Aquel momento de estrés lo había llevado al límite y mi niño se había transformado. Aún no había cumplido sus cinco años y su lobo era tan aterradoramente grande y fuerte, e indiscutiblemente se parecía demasiado a su padre. Ambos con el mismo tono de pelo. Si