54. Hijo de Sangre
El pequeño Axel me llevaba prácticamente arrastrada por la pradera. Yo no podía ver nada en absoluto; el sol cegador del mediodía impedía ver más allá, solamente podía verse la bruma calurosa que reverberaba en el horizonte.
— Puedo sentirlo — puedo sentir que algo está pasando, algo muy malo — me dijo el niño mientras yo intentaba detenerlo, pero era muy fuerte. Hasta que al final logré librarme de su agarre y lo tomé por los hombros, sacudiéndolo.
— ¡Escúchame muy bien! No podemos ir solo