55. El Despertar en las Alturas
Me invadió una adrenalina que me recorrió todo el cuerpo, que me inundó como un balde de agua caliente desde la coronilla hasta la punta de mis pies. No sabía qué era lo que aquello significaba; no tenía tiempo de entenderlo, pero las palabras que Maximiliano había lanzado dentro de mi cabeza, sin saber de qué forma, me habían pegado con fuerza. Entonces, mi verdadero hijo era Axel: un pequeño niño de ojos fríos que tanto me odiaba, que tanto había insultado mi presencia y que se había ganado m