53. La Venganza del Anciano.
Lo que Gabriel me había disparado era un dardo al pecho, lleno de un líquido rojo que se introdujo inmediatamente en mi carne, y no pude hacer nada al respecto. Cuando lo arranqué, el líquido ya estaba en mi interior. Intenté extender mi conciencia hacia la manada para advertirles, para decirles qué era lo que estaba pasando, pero un fuertísimo dolor me atravesó el cuerpo. Caí de espaldas sobre la tierra recién arrancada de aquel improvisado túnel, revolcándome de dolor. Algo tenía ese líquido