50. Traición bajo tierra.
La traición bajo la tierra.
Corrí a toda velocidad hacia el lugar que se me estaba indicando. Sabía que algunos lobos intentaron extender su conciencia hacia mí para preguntarme qué había sucedido, pero yo no los dejé entrar. Permanecí firme mientras corría en dirección a la cueva. Pasé por la casa de los ancianos del Consejo, las caballerizas y, al final, los sembradíos. Estaba a unos quince o veinte minutos de la manada, relativamente cerca de la montaña nevada, a la orilla del río cristalino y frío que atravesaba la hacienda. Corrí a toda prisa hasta que llegué al lugar que me había indicado Gabriel.
Cuando llegué a la abertura de la cueva, el hombre estaba ahí, completamente vestido.
— ¿Caminaste hasta aquí? — le pregunté en nuestra mente.
Si el hombre hubiera llegado transformado, estaría desnudo, pero su ropa perfectamente impecable y planchada me indicaba que no.
— No quería llamar demasiado la atención — me dijo en voz alta, mientras señalaba la abertura de la cueva — . So