49. La pared brumosa.
La pared brumosa.
No sabía qué me había motivado a besarla. La había visto ahí, sobre mí, después de haberme arrancado por completo el control de mí mismo. Tan hermosa. Se veía tan vulnerable y, al mismo tiempo, con una fortaleza que yo no era capaz de identificar. Cuando se mordió el labio de abajo mientras yo me derramaba en su interior, no pude evitar besarla. Y nuevamente me llenó el pecho de una sensación cálida que me resultó un poco incómoda. Nunca la había sentido antes, pero de todas f