49. La pared brumosa.

La pared brumosa.

No sabía qué me había motivado a besarla. La había visto ahí, sobre mí, después de haberme arrancado por completo el control de mí mismo. Tan hermosa. Se veía tan vulnerable y, al mismo tiempo, con una fortaleza que yo no era capaz de identificar. Cuando se mordió el labio de abajo mientras yo me derramaba en su interior, no pude evitar besarla. Y nuevamente me llenó el pecho de una sensación cálida que me resultó un poco incómoda. Nunca la había sentido antes, pero de todas formas… ¿por qué no podía dejarme llevar por esa sensación?

Ana pensaba que todo terminaría pronto. Ana pensaba que embarazándose sería suficiente y que aquello terminaría después, pero yo sabía que no. Yo sabía que la iba a necesitar por mucho tiempo más, tal vez para toda la vida. Se suponía que las parejas destinadas de la diosa Luna eran para toda la vida. ¿Qué podías decirle a la manada? “Oh, disculpen, su luna se aburrió y se fue”. Claro que no. Pero no quería decirle, no había tenido el va
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