35. La desaparición
La mujer había desaparecido, había desaparecido completamente, y no había en la manada lobo que supiera de su paradero. Parecía que algo se la hubiera tragado por completo. Incluso algunos de los lobos de la manada que eran más expertos en rastreo no fueron capaces de encontrar su rastro, pero como si simplemente hubiera desaparecido.
— Sabemos qué fue lo que pasó — le dije Maximiliano a la hora del almuerzo, cuando al fin nos reunimos por un momento.
— A ver, ilústrame — comentó él, en un tono un poco grosero.
— Es obvio, no se la llevó un rey Cuervo volando. Eso mismo pasó conmigo. intentaron seguir mi rastro, y también el de Franco, pero no pudieron, no pudieron porque nos llevaron volando. Eso mismo pasó con ella. Seguramente cuando escapamos de la manada de Bastian ella sabía que eventualmente íbamos delatarla, así que preferiría escapar.
El Alfa de Alaska no parecía convencido con mi argumento, así que simplemente se limitó a comer en silencio, pero parecía que lo hacía más b