36. El juicio del alfa.

— ¿Qué es lo que vas a hacer? — pregunté, un poco asustada, a Maximiliano.

Él me observó mientras se ponía de pie y yo lo seguía a través de la cocina.

— Soy el Alfa de esta manada. Pienso que lo que dijo el nieto de Gabriel tiene razón. Patricia no pudo haber hecho esto sola, Así que estoy seguro de que debe haber alguien más dentro de la manada que está ayudando a la manada de Bastian, y voy a descubrirlo. Pero no será agradable. Ahora vas a ver qué es lo que diferencia a un alfa de un lobo normal.

Yo ya no pregunté nada más. Estaba segura de que lo que vería sería una demostración de poder, fuerza, tal vez de intimidación, y no me equivoqué.

Cuando llegamos al patio de atrás, del mismo patio donde hacía unos días apenas el Alfa me había presentado como su luna, toda la manada estaba allí. Ya, con la cabeza un poco más fría, pude ver que en efecto eran demasiados, muchos, fácilmente unos doscientos.

Todos los hombres se quitaron sus sombreros en cuanto vieron al Alfa, tal vez a mo
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