34. La amenaza que pesa sobre Isabel.
— No lo entiendo — pregunté.
Maximiliano parecía que ya no tenía paciencia para explicarme. Abrió la puerta y salió de la habitación.
— Después se lo explico — me dijo Gabriel — , ahora tengo que encontrar a Patricia.
— Abuelo — le dijo Franco antes de que el anciano saliera — , recuerda muy bien, no se lo digas a nadie. Dile al Alfa también, si es verdad que Patricia está aliada con aquella manada enemiga, no es la única dentro de nosotros que está traicionando a Alaska.
— Está bien, tendré mucho cuidado — dijo, y salió del cuarto.
Yo me quedé mirando a Franco.
— ¿Qué pasa con Isabel? — le pregunté.
Sentía un extraño miedo en el estómago. ¿Qué pasaba con mi niña, con mi hija?
— Verás — dijo él, mientras me indicaba que me sentara nuevamente — . Escuchaste lo que dijo el Alfa, él ya es un lobo de raza superior, su semilla ya es muy fuerte. Una loba normal la mayoría de las veces no puede engendrarla, entonces las pocas que lograron hacerlo engendraron lobos de raza superior