29. La huida bajo la luna
Mi corazón latía con fuerza, me movía la adrenalina que recorría todas mis venas. Estaba segura que en el momento en el que aquella adrenalina terminara quedaría tan débil que sería prácticamente incapaz de moverme. Así que la aproveché, salí corriendo, pero tal como lo había imaginado los túneles no eran más que laberintos.
— Sé por dónde escapar — me dijo Franco.
Y entonces saltó hacia el frente. Escuché cómo sus huesos crujieron, cómo la ropa se rasgó y cómo se había transformado en un lob