21. Bajo luna alta.

Estiré la mano y sujeté con fuerza el cuello de la mujer, pero no pude hacerle gran cosa. Su piel era tan dura y sus músculos estaban firmes. Claro que era una mujer lobo, y aquello me sorprendió un poco, porque yo estaba segura de que ellos tenían sus superpoderes, entre comillas, si así podían llamarse, solamente cuando estaban transformados, no que en su vida cotidiana normal, en forma de humanos, también tuvieran súper fuerza o algo así.

Pero, de todas formas, no me dejé amedrentar. Tenía que demostrarle que sí o sí debía respetarme, debía respetar mi autoridad. No importaba si yo era una humana. Se suponía que así tenía que ser la luna de una manada, ¿no era así? Entonces apreté con todas mis fuerzas, aunque sabía que no podía hacerle el mayor daño.

— Escúchame bien, Patricia. No me importa lo que haya pasado entre ustedes dos antes. No me importa que antes Maximiliano te hubiera llevado a la cama. Él no te eligió a ti, me eligió a mí.

Pude ver cómo aquella frase pegó profundo e
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