18. La verdad entre el Consejo
La verdad, no entendía muy bien cómo funcionaba la economía de la manada. Sabía que vendían caballos y, mientras paseaba por la enorme pesebrera, podía ver que, en efecto, eran los caballos más hermosos que hubiera visto en mi vida.
Tal vez cada quien ganaba su propio sueldo, pues sinceramente trabajaban por puro amor al arte y el cariño a la manada. No lo entendía.
Lo único de lo que me di cuenta mientras recorría la hacienda era que todos vivían bastante bien. Había hermosas casas construidas en madera a lo largo de toda la pradera que quedaba dentro del cerco de Alaska, casas preciosas diseñadas para soportar las inclemencias del clima. Porque ahora estábamos en primavera; imaginaba que en invierno, las condiciones climáticas tan al norte podrían llegar a ser un poco agresivas.
Todos los que me topaba me saludaban con un respeto un poco extravagante, como si yo fuese una especie de reina o algo así. Después de un rato me abrumó aquella situación, así que tomé otro camino para poder